En mi estómago de niña pican abejas,
pero en el cielo ya no quedaban ni mariposas cuando se aleja.
Porque ella se las lleva cada vez que se va,
sin poder confesarle lo que guardo dentro una vez más.
Hacen ruido, mucho ruido.
Tanto que solo dejan sentir, y no me dejan oír lo que no es posible ,
en este sueño no dormido casi inconcebible.
Mueven sus alas, y se trasladan por mi cuerpo.
Siempre les temí aparecer, pero ahora esto suele pasar
cuando viene ella sin andar, a mi mente la traigo sin su voluntad.
Hay tantas abejas, que no comprendo porqué no dan miel.
Yo quiero ese dulzor incógnito.
Quiero entre nosotras derretir el hielo cruel
indagando en su calor de mujer.
Siento el aire espeso que no aclara el momento,
la noche nos cubre en su acogimiento,
y las palabras se tapan antes de abandonar la boca.
Santiago ilumina a luz tenue el suelo,
o tal vez es al cielo que nos toca.
Pero es el ambiente para el deseo creciente
de mis labios por los suyos
de aquel momento resplandeciente.
Es verdad, esta vez las abejas solo dejan sentir,
sobre las flores de este amor inconcluso que he de vivir
1 comentario:
que amor! te adoro xd
te regalare un pepe grillo la proxima navidad jajaja
te quieroooO!
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